Teorías integradoras de la criminología
INTRODUCCIÓN
La criminología, como ciencia social dedicada al estudio del crimen, la conducta desviada y el control social, ha evolucionado significativamente en las últimas décadas. La llamada "nueva criminología" surge como una respuesta a las limitaciones de las teorías tradicionales, que suelen abordar el crimen desde perspectivas unilaterales. Con el tiempo, ha quedado claro que el fenómeno criminal es complejo y no puede ser comprendido desde un único enfoque. De aquí nacen las teorías integradoras, que buscan combinar conceptos, hipótesis y métodos de diferentes paradigmas para construir una visión más completa y matizada de la criminología.
Estas teorías integradoras se plantean como una herramienta para entender mejor la naturaleza multifacética de la criminalidad, considerando tanto factores estructurales como individuales y culturales. Al fusionar elementos de teorías clásicas, como el positivismo y el funcionalismo, con enfoques contemporáneos y críticos, las teorías integradoras ofrecen una aproximación dinámica que permite entender el crimen no solo como una conducta individual, sino también como un producto de estructuras sociales, políticas y económicas.
Esta monografía tiene como objetivo explorar las principales teorías integradoras de la nueva criminología, su origen, sus fundamentos teóricos y su relevancia en el estudio del fenómeno criminal en el contexto actual. A través de un análisis de sus aportes y limitaciones, se busca proporcionar una comprensión más profunda de cómo estas teorías pueden contribuir a la prevención y el control del crimen en nuestras sociedades contemporáneas.
DESARROLLO
Qué son las teorías integradoras de la criminología.
Las teorías integradoras de la criminología son enfoques que buscan explicar el comportamiento delictivo combinando elementos de diversas teorías criminológicas existentes. En lugar de centrarse en una sola causa, estas teorías reconocen la complejidad del fenómeno criminal y proponen modelos multifactoriales que consideran una amplia gama de variables
Antecedentes:
Desde siempre ha habido curiosidad por entender por qué algunas personas rompen las reglas de la sociedad. Al principio, la mayoría de las explicaciones trataban de clasificar a estas personas como “peligrosas” o “enfermas,” y las opciones para tratarlas no iban más allá de encarcelarlas, castigarlas físicamente o incluso, en casos extremos, condenarlas a muerte. Con el tiempo, estas ideas evolucionaron, y empezaron a aparecer enfoques que incluían otras causas, no solo individuales sino también sociales y ambientales. Además, comenzaron a surgir alternativas al castigo, como la rehabilitación.
En el siglo XX, la criminología dio un salto enorme. Surgieron tantas teorías que se pueden clasificar de distintas maneras. Por ejemplo, Tittle (2006) las organiza en cuatro categorías: algunas teorías tratan de explicar por qué ciertas personas cometen crímenes, otras analizan cómo cambia el comportamiento criminal a lo largo de la vida, otras se enfocan en cómo varía la criminalidad entre diferentes sociedades o grupos, y otras intentan entender los diferentes resultados en contextos sociales distintos. Redondo y Garrido (2013), por otro lado, clasifican las teorías según el enfoque y objetivo del estudio: están las teorías basadas en el libre albedrío, el paradigma científico y el conflicto social. También dividen las teorías en cinco grupos principales: elección racional y oportunidad delictiva, tensión y control social, criminología biosocial, diferencias individuales y el desarrollo de carreras delictivas.
Con todo esto, las teorías más simples o unitarias han quedado un poco atrás. Aunque las nuevas teorías todavía no logran explicar del todo el fenómeno delictivo en su complejidad, representan un gran avance frente a las teorías tradicionales, que se quedan cortas al intentar comprender por qué la gente delinque.
Importancia
Las teorías integradoras de la criminología son súper importantes porque ofrecen una perspectiva mucho más completa y realista para entender por qué ocurren los delitos. A diferencia de las teorías tradicionales, que suelen enfocarse en una sola causa (como la personalidad del delincuente o el contexto social), las teorías integradoras combinan diferentes factores: incluyen aspectos individuales, sociales, económicos, culturales y ambientales. Esto significa que no solo ayudan a entender el "qué" y el "cómo" del comportamiento criminal, sino también el "por qué" desde varios ángulos.
Además, estas teorías abren la puerta a estrategias de intervención y prevención más efectivas, ya que reconocen que el crimen no es solo un problema de “gente mala” o de “falta de valores,” sino que también está influenciado por condiciones sociales como la pobreza, la educación y el entorno familiar. En ese sentido, las teorías integradoras permiten que se piensen en políticas públicas y programas de rehabilitación que aborden varios aspectos del problema, en vez de solo centrarse en el castigo. Esto las convierte en una herramienta clave para construir sistemas de justicia más humanos y efectivos.
Principios (Eduardo)
Multicausalidad
La multicausalidad sugiere que el comportamiento delictivo no es el resultado de una sola causa, sino de la interacción de múltiples factores. Es decir, como si el delito fuera un rompecabezas donde cada pieza (factor) contribuye a formar la imagen completa.
Ejemplo:
Imagina una cebolla: Para entenderla completamente, no basta con observar una sola capa. Del mismo modo, para comprender el delito, debemos analizar diversas capas o factores que interactúan entre sí.
Factores que influyen en la multicausalidad del delito
Factores individuales:
Biológicos: Genética, neurotransmisores, lesiones cerebrales.
Psicológicos: Personalidad, inteligencia, trastornos mentales.
Factores sociales:
Familiares: Estilo de crianza, relaciones familiares, violencia doméstica.
Escolares: Rendimiento académico, relaciones con compañeros, bullying.
Comunitarios: Desigualdad social, pobreza, desorganización social.
Factores situacionales:
Oportunidades: Disponibilidad de bienes para robar, lugares aislados.
Presión del grupo: Influencia de amigos o pandillas.
Consumo de sustancias: Alcohol, drogas
Interacción de factores
Diferentes niveles de análisis
Temporalidad
Principales Teorías Integradoras (Anabel)
Hay diversas teorías criminológicas y cada una utiliza un rango diferente de factores explicativos, todas se centran en aspectos específicos como fallos en el control social, desorganización, anomia y aprendizaje, entre otros, para explicar la conducta delictiva.
Sin embargo, muchas de estas teorías tienen limitaciones en su capacidad explicativa, es decir que su capacidad esclarecedora del fenómeno delictivo es también limitada en otras palabras.
Un ejemplo de esto tenemos a la teoría general de la tensión de Agnew que nos dice que los delitos que son precedidos de emociones de ira o frustración. Sin embargo aunque sí tiene un relación con este deja de lado que también existen otros factores como los expuestos en la teoría del aprendizaje social donde se detalla ampliamente el proceso mediante el cual los individuos aprenden a delinquir. Pero está teoría, a su vez, también no toma en cuenta otros factores.
Es por esta razones que desarrolla las teorías más integradas en criminología que buscan ofrecer una explicación más completa de la delincuencia y su relación con los mecanismos de control social. Porque hay que tomas en cuenta que sí como las personas cambian con el tiempo, también lo hacen los factores que afectan su comportamiento delictivo.
Según Siegel (1998), estas teorías se dividen en tres grupos principales:
Teorías Multifactoriales :
Incluye diversas perspectivas que consideran la influencia sobre la conducta delictiva de diferentes factores sociales, personales o económicos.
Está teoría multifactorial está compuesta por una serie de teorías que atrapan en “Teorías sobre estructuras de oportunidad para el delito” en estas encontramos la teoría de las actividades rutinarias de Cohen y Felson (1979), la teoría del patrón delictivo de Brantingham y Brantingham (1991), y la teoría de las ventanas rotas (Wilson y Kelling, 1982; Skogan, 1990; Kelling y Coles, 1996)
Teorías sobre la estructura de la oportunidad para el delito
teoría de las actividades rutinarias también llamada la teoría de la oportunidad
La teoría de las actividades rutinarias, formulada por Lawrence E. Cohen y Marcus Felson en 1979, sostiene que la ocurrencia de delitos está relacionada con la convergencia en tiempo y espacio de tres elementos clave: un delincuente motivado , una víctima adecuada y la ausencia de un guardián capaz . Esta teoría se basa en la observación de que, a pesar de las mejoras en las condiciones socioeconómicas, las tasas de criminalidad no han disminuido; en cambio, han aumentado debido a cambios en las rutinas diarias de las personas que generan más oportunidades para delinquir.
Cohen y Felson argumentan que el aumento de la movilidad y el tiempo que las personas pasan fuera de casa han incrementado las posibilidades de que un delincuente encuentre una víctima vulnerable sin protección adecuada. Por ejemplo, un ladrón puede aprovechar una bicicleta desatendida en un parque vacío, donde no hay nadie para disuadirlo. La teoría enfatiza que la ausencia de uno de estos tres elementos puede prevenir un delito, mientras que su presencia simultánea aumenta significativamente el riesgo de criminalidad.
La teoría del patrón delictivo:
desarrollada por Paul y Patricia Brantingham, busca explicar la distribución de los delitos en entornos urbanos, argumentando que esta no es aleatoria, sino que sigue patrones identificables relacionados con las actividades rutinarias de los delincuentes
También dicha teoría nos dice que los delitos son racionales es decir que el delincuente puede tomar otra decisión a la realización del delito.
Esta teoría se fundamenta en la idea de que los delincuentes, al igual que cualquier otra persona, tienen rutinas diarias que determinan sus movimientos y, por lo tanto, las áreas donde son más propensas a cometer delito
Está teoría argumenta que se necesita de la presencia de una individuo motivado para realizar el delito, su vida diaria le ofrece oportunidades para el delito y modos de llevarlos a cabo (rutina del delincuente) y tiene que tener la aparición de un suceso desencadenante ejemplo: una casa con la ventana abierta
Teoría de las ventanas rotas
La teoría de las ventanas rotas, formulada por James Q. Wilson y George Kelling en la década de 1980, sostiene que los signos visibles de desorden y abandono en un entorno urbano, como ventanas rotas o grafitis, pueden fomentar comportamientos delictivos. La idea central es que si se permite que pequeñas infracciones y signos de deterioro persistan, esto envía un mensaje de indiferencia y falta de control, lo que puede incitar a otros a cometer delitos más graves.
la teoría de las ventanas rotas enfatiza la importancia del mantenimiento del orden en los espacios públicos como una estrategia para prevenir el crimen y fomentar un comportamiento social positivo.
Teorías de Rasgos Latentes (Rowe, Osgood y Nicewander, 1990) :
Cuya hipótesis básica es que algunas personas poseen una serie de características individuales (como una menor inteligencia o una personalidad impulsiva) que les confieren un mayor riesgo de comportamiento delictivo.Es decir, aunque ciertas características o predisposiciones individuales no varíen, un joven se hallaría más expuesto, por razón del estilo de vida juvenil, a ciertas oportunidades delictivas. De ahí que los jóvenes delincan más que los adultos.
Teorías de Etapas Vitales :
Sostienen que no existe una inclinación constante hacia la delincuencia si no que el comportamiento evoluciona a lo largo del desarrollo personal. Factores como el nivel socioeconómico, procesos de socialización y cambios en las oportunidades influyen en esta variabilidad.
Por ejemplo, algunos jóvenes delincuentes interrumpen rápidamente sus actividades ilícitas, mientras que otros persisten en ellas durante un tiempo prolongado.
Otro ejemplo es que algunos realizan actividades ilegales de poca entidad mientras que otros incrementan paulatinamente la violencia y la gravedad de sus delito.
Teoría del apoyo social(Yosselin)
La teoría del apoyo social propone que la calidad y cantidad de relaciones sociales significativas que un individuo posee influyen directamente en su probabilidad de cometer actos delictivos. En otras palabras, el apoyo social actúa como un amortiguador frente a factores de riesgo que podrían conducir a la delincuencia.
1.El delito y la naturaleza humana
La teoría del apoyo social ofrece una perspectiva interesante sobre la relación entre el individuo y la sociedad, y cómo esta dinámica influye en la conducta delictiva. A diferencia de enfoques que enfatizan factores individuales (como la personalidad) o estructurales (como la desigualdad), esta teoría pone el acento en las relaciones sociales como un factor determinante en la conducta humana.
La premisa central es que los seres humanos somos seres sociales por naturaleza y que nuestras conexiones con otros individuos y grupos influyen significativamente en nuestro comportamiento. Un fuerte apoyo social, caracterizado por relaciones cercanas, positivas y duraderas, actúa como un amortiguador frente a factores de riesgo que podrían conducir a la delincuencia.
2.Aval de la investigación criminológica
La teoría del apoyo social cuenta con un sólido respaldo empírico. Numerosos estudios han demostrado una correlación negativa entre el nivel de apoyo social y la probabilidad de involucrarse en actividades delictivas. Algunos de los hallazgos más destacados incluyen:
Efecto protector: Las personas con redes sociales fuertes tienen menos probabilidades de cometer delitos.
Mediación del estrés: El apoyo social actúa como un amortiguador frente al estrés, reduciendo la probabilidad de que las personas recurran a conductas antisociales como mecanismo de afrontamiento.
Fortalecimiento de los vínculos sociales: La participación en actividades comunitarias y la pertenencia a grupos sociales se asocian con menores tasas de delincuencia.
3.El apoyo social contiene una idea intuitivamente atractiva
La teoría del apoyo social resulta intuitivamente atractiva por varias razones:
Experiencia personal: La mayoría de las personas pueden identificar situaciones en las que el apoyo de amigos y familiares ha sido fundamental para superar dificultades.
Sentido común: La idea de que las personas son más propensas a comportarse bien cuando se sienten valoradas y conectadas con los demás es coherente con nuestra experiencia cotidiana.
Enfoque positivo: A diferencia de muchas teorías criminológicas que se centran en los factores de riesgo, la teoría del apoyo social destaca los aspectos positivos de las relaciones humanas.
4.Propuestas programáticas
Basándose en los principios de la teoría del apoyo social, se han desarrollado diversas propuestas programáticas para prevenir la delincuencia:
Fortalecimiento de las comunidades: Promover la cohesión social y el desarrollo de redes comunitarias.
Programas de prevención: Diseñar programas que fomenten la creación de vínculos sociales entre los jóvenes y sus familias.
Intervenciones basadas en la familia: Fortalecer las relaciones familiares y proporcionar apoyo a las familias en riesgo.
Rehabilitación: Incorporar componentes de apoyo social en los programas de rehabilitación para exconvictos.
En resumen, la teoría del apoyo social ofrece una perspectiva valiosa y optimista sobre la prevención de la delincuencia. Al invertir en el fortalecimiento de las relaciones sociales, podemos construir comunidades más seguras y saludables.
Teoría Integradora de Farrington
En su trabajo de 1996, David Farrington propone una teoría integradora que se centra en el desarrollo de la delincuencia a lo largo de la vida, un enfoque que se conoce como "teorías de las etapas vitales". Farrington, al igual que Gottfredson y Hirschi, distingue entre la tendencia antisocial que se desarrolla en los individuos y la concreta ocurrencia de delitos.
La Tendencia Antisocial:
Farrington identifica tres factores clave que influyen en el desarrollo de la tendencia antisocial:
Motivación: El deseo de bienes materiales, prestigio social, estimulación, y la experiencia de frustración y estrés son factores que pueden impulsar comportamientos antisociales, especialmente en jóvenes de familias menos favorecidas. El consumo de alcohol también puede aumentar esta tendencia.
Direccionalidad: La propensión a utilizar métodos ilícitos para alcanzar objetivos, debido a la falta de habilidades legales, también contribuye al desarrollo de la tendencia antisocial.
Inhibición: La presencia de mecanismos inhibitorios internalizados, como creencias, actitudes y empatía, juega un papel crucial en la prevención del comportamiento delictivo. La capacidad de los padres para brindar una supervisión educativa adecuada y una disciplina equilibrada es fundamental para el desarrollo de estas inhibiciones.
La Decisión de Cometer un Delito:
Farrington argumenta que la decisión de cometer un delito se produce en la interacción del individuo con la situación específica. La presencia de la tendencia antisocial, junto con las oportunidades que se presenten y la valoración de los costos y beneficios anticipados del delito, determinarán si se lleva a cabo o no. Los individuos impulsivos son menos propensos a considerar las consecuencias de sus actos, especialmente las que tienen un carácter demorado, como las sanciones penales.
Etapas del Desarrollo Delictivo:
Farrington identifica diferentes etapas en el desarrollo del comportamiento delictivo:
Inicio: La influencia de los amigos, especialmente durante la adolescencia, juega un papel crucial en el inicio de la conducta delictiva. Este período se caracteriza por un aumento de la motivación para obtener dinero, reconocimiento social y estimulación, así como por la mayor probabilidad de imitar los métodos ilegales de los amigos.
Persistencia: La persistencia de la delincuencia depende de la estabilidad de la tendencia antisocial, que se desarrolla a través de un proceso de aprendizaje prolongado.
Desistimiento: El abandono de la carrera delictiva se produce cuando el joven mejora sus habilidades para alcanzar sus objetivos por medios legales y desarrolla vínculos afectivos con parejas no antisociales, generalmente al final de la adolescencia o al inicio de la vida adulta.
Farrington (1996: 264) sintetiza estas etapas de la siguiente manera: “La prevalencia de la conducta delictiva puede aumentar al máximo entre los catorce y los veinte años debido a que los jóvenes (especialmente los de clase baja que fracasan en la escuela) tienen en esas edades una alta impulsividad, grandes deseos de actividades estimulantes, de poseer determinadas cosas y de mayor consideración social, pocas posibilidades de lograr sus deseos mediante medios legales, y poco que perder (en la medida en que las sanciones legales son suaves y sus amigos aprueban con frecuencia la conducta delictiva). Sin embargo, después de los veinte años, sus deseos se tornan menos imperiosos o más realistas, es más posible su logro legalmente, y los costes del delito son mayores (ya que los castigos legales son más severos) y, además, las personas más allegadas esposas o novias desaprueban el delito.”
En resumen, la teoría de Farrington propone un modelo dinámico y multifactorial que explica el desarrollo de la delincuencia como un proceso que se extiende a lo largo de la vida, influenciado por factores individuales, familiares y sociales. Esta teoría destaca la importancia de la intervención temprana, la educación, la supervisión parental y el desarrollo de habilidades sociales para prevenir el comportamiento delictivo.
CONCLUSIÓN
Las teorías integradoras en criminología representan un avance significativo en la comprensión del comportamiento delictivo al considerar la complejidad y multifaceticidad del fenómeno criminal. Estas teorías emergen como una respuesta a las limitaciones de los enfoques unilaterales tradicionales, reconociendo que el crimen es resultado de la interacción de múltiples factores individuales, sociales y culturales. Al fusionar conceptos de teorías clásicas con enfoques contemporáneos, las teorías integradoras ofrecen una visión dinámica y completa que permite comprender el crimen como un fenómeno complejo y multidimensional.
La importancia de las teorías integradoras radica en su capacidad para proporcionar una perspectiva holística y realista sobre el comportamiento delictivo, alejándose de explicaciones simplistas y unicausales. Al considerar factores estructurales, individuales y culturales en la génesis del delito, estas teorías abren la puerta a estrategias de intervención y prevención más efectivas. Al reconocer que el crimen es el resultado de condiciones sociales, económicas y ambientales, las teorías integradoras permiten diseñar políticas públicas y programas de rehabilitación que aborden las causas profundas de la delincuencia, contribuyendo a la construcción de sistemas de justicia más humanos y eficaces.
En definitiva, las teorías integradoras de la criminología representan una herramienta invaluable para comprender la complejidad del fenómeno criminal y su relación con los mecanismos de control social. Su enfoque multifactorial y dinámico ofrece una base sólida para el estudio y la prevención del crimen en nuestras sociedades contemporáneas, promoviendo un abordaje integral y efectivo para enfrentar los desafíos que plantea la delincuencia en la actualidad.
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